La Organización Internacional del Transporte por Carretera (IRU), de la que forma parte la Asociación Nacional de Empresarios de Transportes en Autocares (ANETRA), ha participado en una carta dirigida a los gobiernos que forman parte del Grupo de Trabajo sobre Seguridad Pasiva (GRSP) de la Comisión Económica para Europa de las Naciones Unidas (CEPE/ONU), en la que solicita medidas urgentes para reforzar la protección de los conductores de autobuses y autocares frente a las colisiones frontales. La iniciativa ha sido impulsada conjuntamente por la propia IRU, la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF) y la Federación Europea de los Trabajadores del Transporte (ETF).
En la misiva, las tres organizaciones advierten de que los conductores continúan estando especialmente expuestos en este tipo de accidentes debido a su posición en la parte delantera del vehículo, el reducido espacio de deformación disponible y las elevadas fuerzas de impacto que se generan en vehículos pesados de transporte de viajeros.
La petición se apoya en investigaciones y análisis de accidentes realizados por el Instituto Noruego de Economía del Transporte, que han puesto de manifiesto carencias en el actual marco regulatorio tras estudiar siniestros mortales ocurridos incluso a baja velocidad. Según estas conclusiones, los sistemas de seguridad activa, aunque contribuyen a prevenir accidentes, no garantizan una protección suficiente cuando la colisión llega a producirse.
Por ello, las organizaciones firmantes instan a los gobiernos participantes en el GRSP a respaldar la creación de un grupo de trabajo específico que analice posibles mejoras normativas y técnicas. El objetivo es desarrollar soluciones equilibradas que incrementen de forma efectiva la seguridad de los conductores sin comprometer la sostenibilidad económica de las operaciones de transporte de viajeros.
El secretario general de IRU, Umberto de Pretto, subrayó que los conductores de autobús y autocar “merecen un entorno de trabajo seguro” y defendió que la protección frente a colisiones frontales debe convertirse en una prioridad regulatoria internacional.


















